La mayoría de las proyecciones sobre el cambio climático presuponen que los cambios futuros -las emisiones de gases de efecto invernadero, los incrementos de las temperaturas y otros efectos como el aumento del nivel del mar- se producirán de forma gradual. Una determinada cantidad de emisiones se traducirá en una cantidad dada de subida de la temperatura que conducirá a su vez a una cierta cantidad de suave aumento gradual del nivel del mar. Sin embargo, el registro geológico referido al clima muestra momentos en los que una modificación relativamente pequeña de un elemento climático provocó alteraciones bruscas en el sistema en su conjunto. Dicho de otra modo, impulsar las temperaturas mundiales hasta más allá de determinados umbrales podría desencadenar cambios abruptos, impredecibles y potencialmente irreversibles que tendrían consecuencias enormemente perturbadoras y a gran escala. Llegados a ese punto, incluso aunque no vertiéramos C02 adicional alguno a la atmósfera, se pondrían en marcha procesos imparables. Para hacernos una idea de ello, imaginemos una avería repentina de los frenos y de la dirección del vehículo climático a raíz de la cual ya no pudiéramos controlar el problema ni sus consecuencias.
Puntos de inflexión
